EL INFORME FLEXNER

¿Que pensarían ustedes si mañana Botín, Bill Gates, Amancio Ortega y un par de multimillonarios más se unieran y financiaran un estudio sobre alimentación y tras aprobar el estudio decidieran nuestro menú diario a perpetuidad incluso prohibiendo (por ejemplo) consumir comida china, con penas de cárcel para quien lo venda o consuma?

¿Y si además se prohibiera cocinar a las mujeres y los negros por su incapacidad para mezclar alimentos en proporciones adecuadas?

Absurdo ¿verdad? Pero tendría su justificación, se declararía la dieta mediterranea como la dieta perfecta, se obligaría a todo el mundo a comerla por el bien de nuestra salud y permitiría organizar la agricultura, ganadería y pesca para producir eficientemente lo que todos estamos obligados a comer. Se decidirían que cantidad de espacio se dedica a cada cultivo, que lugares son los más apropiados y por métodos científicos se lograría rentabilizar apropiadamente el suelo y el trabajo.

Las universidades se dedicarían en sus escuelas de agricultura a buscar mejoras en la dieta mediterránea habría una gran especialización y todo se organizaría perfectamente y de forma rentable. Por supuesto estaría prohibido dedicarse a la cocina sin haber pasado por la universidad y ésta estaría vetada a mujeres y gente de otras razas.

Por supuesto que dentro de este sistema se denigraría cualquier otra comida y se penaría con cárcel a los cocineros chinos o de cualquier otro lugar, se reprimiría a los científicos que propusieran una dieta distinta por fomentar peligrosamente comidas malignas aduciendo que no tiene base científica ninguna otra dieta.

Esto que acaban de leer y que parece un cuento de terror y ciencia ficción ocurrió en Norte América (Canadá y U.S.A.) en 1910 y en un sector tan importante como la cocina: LA MEDICINA 

En 1910 las dos personas más ricas del mundo eran Rockefeller y Carnegie, dos grandes empresarios máximos exponentes del capitalismo. Ambos se unieron y decidieron estructurar el mundo de la medicina y de los médicos y encargaron un informe que se llamó El Informe Flexner. Que cambió todo el mundo de la medicina en los siguientes 100 años.

Hasta ese momento los médicos se formaban como ayudantes de otros médicos, hasta que estos tras la práctica de años les daban el título para ejercer por su cuenta, el informe Flexner desplazó este tipo de prácticas y obligó a formar a los médicos en las facultades de medicina de las universidades. Desplazó a las mujeres y a los negros de la práctica de la medicina y desechó por poco científicas todas las medicinas naturales (lo que hoy conocemos por medicinas alternativas), entre otras, una que había tenido un gran desarrollo en los años anteriores, especialmente desde los años 70 del siglo XIX: Las TERAPIAS ELECTROMAGNETICAS que a partir de ese momento pasaron a ser considerada charlatanería pseudo científica. Se prohibió su uso y enseñanza en las universidades.

Evidentemente el informe Flexner tuvo sus consecuencias positivas pues se oficializó un sistema de enseñanza de las artes médicas y a partir de ahí aparecieron protocolos de actuación etc. Pero convirtió por un lado la medicina y la salud en un negocio más y por otro desterró de la práctica diaria el uso de técnicas que sólo muchos años más tarde han logrado recuperar su sitio en la práctica terapéutica.

Gracias a Shrodinger (el del gato) premio nobel en 1933 que enunció por primera vez la indisoluble unión de energía y materia y que teorizó que la enfermedad se produce cuando la célula se despolariza, se vuelve a tomar en cuenta la posibilidad de energetizar las células por medio de la electricidad, posteriormente se descubre la cualidad piezoelectrica del hueso y el colágeno y tras los primeros viajes al espacio se descubre la extrema necesidad del organismo de ser expuesto a campos magnéticos para mantenerse con vida.

Gracias a los miles de investigadores en el mundo que están centrándose en los efectos a niveles celulares de los campos electromagnéticos hoy la FDA ya reconoce estos efectos y ha aprobado los campos magnéticos pulsados para la unión de huesos, fracturas, heridas y postcirugía, regeneración del nervio, del tendón y del músculo, mejora de la circulación, úlceras venosas, Alzheimer, recuperación del ICTUS, Esclerosis Múltiple, depresión resistente a los fármacos y últimamente los TTF (campos de tratamiento del tumor) todos ellos tratamientos sin dolor ni efectos secundarios que ayudarán a millones de pacientes en todo el mundo a recuperarse de sus patologías incluso desde casa sin tener que ir al hospital.

Es bastante triste que un error en 1910 haya retrasado las terapias electromagnéticas 30 años de desarrollo. Pero ya está aquí para quedarse, demasiada evidencia como para negarla.

Juan Carlos Domínguez Siemens